sábado 8 de septiembre de 2007

Postmodernismo noir


Brick, Usa 2005 Dir. Rian Johnson



Habría que dejar las cosas claras desde un principio, un servidor no soporta la mayoría de productos que salen de la factoría Sundance, tan plagados de supuestas familias disfuncionales o protagonistas de rebuscadas patologías. Y suscribo enormemente cuando se aplica despectivamente el término (post)postmodernismo a la mayoría de films, que necesitan cambiar infinidad de veces de plano y escoger angulos rebuscados de cámara para crear un poco de interes en la gran mayoría de aburridas mentes que conviven en este mundo tan dominado por lo audiovisual, pero caben excepciones, como ya pasó con la reivincable Donnie Darko de Richard Nelly.
En estos casos contados, parece crearse un lenguaje que habita entre el uso de los elementos con los que convivimos (la publicidad, los videojuegos…) y apoyarse narrarando desde otro prisma historias que todos conocemos pero que son inmortales.
Y creo que es el caso de esta excelente película, Brick es un film con un argumento mil veces visto: Brendan (un sorprendente Joseph Gordon-Levitt) busca a su exnovia desaparecida Emily (Emilie de Ravin), los dos van al instituto todavía, con la ayuda del superinteligente Brian (Matt O´leary) rebuscará hasta dar con las claves del caso de la desaparecida, deberá seducir a la femme fatale del instituto Laura (Meagan Good), pelearse con matones, engañar al camello más importante de la ciudad, The Pin, (recíen salido de una novela de Poe) hasta dar con todas las claves del misterio y poder hacer justicia.
Una de las claves del buen funcionamiento de la película es la labor de la dirección de actores, todos salidos recientemente de la televisión (desde la serie Cosas de Marcianos a Lost, pasando por Heroes), personajes que están en el instituto, hablan y se comportan como recien salidos de una novela de Dashiel Hammet. Destaca por encima de todo la (impresionante) labor del director de fotografía (Steve Yedlin), con algunas escenas de exterior sublimes, la pictórica playa o el amenazador túnel donde se encuentra un cadáver, y especialmente los interiores (por favor, ¿Por qué alguien no escribe un libro sobre la influencia que ejerce David Lynch en casi todos los directores jóvenes?) donde la mayoría de veces sólo se ilumina con un punto de luz principal.
El director se reserva momentos de cierta ironía (cuando la madre de The Pin sirve zumo) o momentos realmente cinéfilos como la esencia de Laura Palmer sobrevolando todo el film o el (evidente) homenaje a El halcón maltes.
Es cierto que en ocasiones Johnson(que a nadie se le olvide, es su primer largo) abusa de los primeros planos o se deja llevar por un montaje que hacia el nudo baja el ritmo pero creo que es mucho más estimulante que cualquier teen movie que se haya podido ver procedente de los USA, o sin caer en el experimento hueco que es ELEPHANT de Gus Van sant.
Hay que destacar también el sonido y la banda sonora, el diseño del sonido es excelente para una producción de tan solo medio millón de dólares, y tiene una banda sonora que produce una ambientación realmente excelente.
Ciertos críticos han dicho de ella que se pierde en la forma, pero creo que tal y como las grandes películas del género negro estaban muy influenciadas por el teatro de Shakespeare o los mitos grecoromanos, la cerrada estructura del noir se amolda perfectamente a los problemas juveniles de los chicos de instituto. ¿nadie se acuerda de cuando la pérdida del primer amor era el centro de tus problemas o cuando conseguir ser invitado a una fiesta y probar tus primeras drogas blandas era en todo lo que pensabas?
Siempre pasado por la batidora del postmodernismo, claro.

Andy Martínez

sábado 1 de septiembre de 2007

Kim ki-duk, ese chico malo.


Crítica de Bad guy (Nabbeun Namja, 2001)


“Egon Schiele conseguía retorcer la realidad en sus cuadros mostrando un erotismo colérico que llegaba hasta el límite de resultar desagradable, incluso violento para las mentes bienpensantes, pero con el que conseguía extraer de la aparente fealdad de sus distorsionados trazos una belleza única, provocadoramente particular”. De esta manera describe Tonio L. Alarcón el arte de Schiele en su excelente artículo sobre el cine del director de Hierro 3 (publicado en la revista dirigido por…nº 366).
No se me ocurre mejor manera de comenzar la crítica de este DVD de reciente aparición en la colección Filmoteca de Fnac.
Kim ki-duk posee la facultad como el pintor alemán de fascinarnos, y en ocasiones de crear poesía con imágenes que normalmente, y como se nos ha enseñado, nos deberían espantar.
Al igual que algunas pinturas de Schiele o una poupee de Bellmer, si simplemente describes el argumento de Bad guy más de uno se puede quedar de piedra, hay que vivirlo, experimentarlo…
Un matón de uno de los barrios rojos de Seul, Han-ki (impresionante Jo Jae-hyon) se enamora a primera vista de una señorita de clase alta Sun-hwa (Seo won), respondiendo a sus instintos primarios la besa, ella, después de ver como la policía le pega una paliza, le escupe en la cara.
Han-ki, herido en su orgullo y decidido a poseerla, sólo conoce una manera de que ella responda a sus deseos, tenderle una trampa y consiguiendo que Sun-hwa acabe trabajando para él de prostituta. Han-ki la espía desde un espejo falso, fascinado por la criatura que tiene atrapada, poco a poco Sun-hwa cederá ante su nueva vida y él, cada vez más enamorado de ella, bajará la guardia en un mundo en el que no te está permitido hacerlo. Llegando así a un ambiguo final que puede discutirse durante horas.
Hay una serie de constantes en el desigual cine de Kim ki-duk que se repiten como una obsesión, y en este film se dan casi todos, ya en la película que le dio a conocer internacionalmente La isla (seom, 2000) existe una historia de amor extrañamente poética, donde la pasión y el dolor están profundamente unidos, aunque La isla corresponde más al gusto por los paisajes bucólicos que le sirven de contrapunto, como también pasa en la mucho más calmada Primavera, verano, otoño, invierno…y primavera (om yeorum gaeul gyeoul geurigo…bom, 2003) o en la flojísima El arco (hwal, 2005). Cuando tiene que retratar una ciudad, da la sensación de que el director coreano tiene que ajustar cuentas, siempre son ambientes sórdidos, sucios, y sus habitantes seres detestables.
Otra constante que se repite en su cine son los protagonistas que no hablan, que prácticamente no tienen nada que decir, o son simplemente mudos. En el caso de Han-kwi además está justificado, tiene una gran cicatriz en el cuello, que no sólo le impide prácticamente el habla (y cuando lo hace parecer un reptil) sino que parece también una herida del alma, una marca que lo separa del resto de la humanidad.
Extrañamente, los protagonistas de Kim ki-duk parecen poseer grandes dosis de dicha humanidad, aunque se comportan como animales, respondiendo a sus deseos primarios, funcionan muy bien al estar en contrapunto con el resto de personas, uno de los empeños del director de Samaritarian girl (Samaria, 2003) es mostrar que el resto de humanos sí tienen máscaras, que actúan de manera superflua, respondiendo a los mismos instintos que los protagonistas y así exponiendo la falsedad que nos rodea a todos.
La prostitución, la redención mediante el castigo físico, las relaciones sexuales extremas, el brillante uso del fuera de campo, un cierto equilibrio entre el pictoricismo de sus imágenes y lo violento de sus temas son constantes en toda la primera etapa del director, con este film como bandera, tornándose mucho más vacua y plana en sus últimos films sobretodo desde Primavera… (con Hierro 3 como excepción).
En la película la prostitución no la muestra en ningún momento desde un punto de vista moralizante, el director no juzga, expone.
La redención es posiblemente el gran tema del que bebe el cine de Ki-duk, en este caso Han-ki se redime desde el prisma de la violencia, cada vez más patente en su cuerpo y más salvaje, a la que él responde con igual virulencia, pero es su naturaleza. En palabras del actor protagonista el director le comentó que para preparar el papel debía pensar que posiblemente la madre de Han-ki era prostituta, su hermana tambíen y sus amigos malhechores, criado en un ambiente así solo puede responder a sus instintos.
El pictoricismo en la obra de Ki-duk aquí está todavía impregnado de una cierta suciedad a la hora de componer los encuadres que, aunque parezca mentira, le otorga más elegancia que otros films posteriores, sin un ambiente bucólico como contrapunto utiliza el barrio rojo, lleno de colores brillantes y luces atrayentes para oponerlo a las actividades que se llevan a cabo.
Acabar con una recomendación: mucha atención al tema central de la banda sonora que, dentro de una partitura que no destaca especialmente por su belleza, cuando suena hace que la relación entre la pareja protagonista adquiera otro significado.

Andy Martínez